Diario desde Mozambique: días 1 al 9 (27 de octubre al 4 de noviembre)

El siguiente texto no pretende ser un resumen exhaustivo de mi viaje, sino simplemente expone mis impresiones al encontrarme con una cultura nueva, pero que, al igual que la propia, está muy necesitada de Dios.

Lo escribo para aquellos que, desde lejos, acompañan y tienen presente en sus oraciones el propósito de Dios para esta travesía.

Jóvenes de la iglesia Asamblea de Dios en Pemba

Dia 1
La ciudad de Pemba es un asentamiento urbano ubicado en una bahía en el Océano Indico. Desde el avión lo que se ve es una aglomeración de casas desordenadas, muchas ubicadas en las laderas de un cerro, algunos barcos surcando las transparentes aguas de la bahía, palmeras y algunas casas alejadas pertenecientes a blancos ricos que parecen sacadas de una postal del Caribe.
Al arribar el avión me esperaban, junto con el abrasante calor del sol africano, los misioneros Freire, dos jóvenes de la iglesia local de Asamblea de Dios, Daniel y Freddie, uno de los cuales (Daniel) es el presidente regional de jóvenes, y Marcela, otra misionera argentina.
La bienvenida fue agradable y una vez despedidos de Marcela y los jóvenes nos dirigimos al departamento que Alejandro y Silvia alquilan cuando pasan unos días en la ciudad.
Un niño me pide chocolate.
Fuimos a cenar a el Kauri, un restaurant ubicado en la zona “top” de Pemba, donde la mezcla cultural se hace evidente hasta en el menú. Comida china, india y local se confunden con las Coca-Colas, Fantas (de 3 sabores diferentes) y Sprites. Al ser blancos nos empiezan a atender en inglés.
El precio de un plato de comida más bebida es de 350 meticales, aproximadamente 11 dólares. Económico para un turista, pero para el local, de un sueldo de 1500 meticales es excesivo.
El descanso nocturno fue tranquilo, interrumpido únicamente a las 4 de la mañana por el canto de un vecino musulmán.

La misionera Marcela, Alejandro y yo (y el mate)

Día 2
Domingo, el día del Señor.
Asistimos al culto de la iglesia Asamblea de Dios. Un templo bastante bien puesto. Con equipo de sonido, instrumentos, micrófonos. Proyector y computadora. Nos sentamos al fondo bajo un ventilador, pero nos invitan a sentarnos en el sector de honor, junto con los pastores.
Lástima que el ventilador no anda.
Paz du Senhor
El culto es largo comparado con los de mi iglesia. Dura 3hs. Alabanza congregacional con partes en portugués y partes en makúa. Varias participaciones, de los grupos de jóvenes, hombres, mujeres, etc, y algunas participaciones individuales. La Palabra de Dios, compartida por uno de los tantos pastores locales, deja bastante que desear en cuanto a su contenido, y termina con un fuerte incentivo a ofrendar para sostener a los 4 pastores (el fragmento que pudimos presenciar de la clase de escuela dominical también hacía hincapié en ese tema).
Se reconoce la reciente boda de una pareja de jóvenes.
Para almorzar volvimos a ir al Kauri, ya que los demás locales de comida estaban cerrados (algo muy llamativo para mi ya que en Argentina en un domingo todo está abierto).
Al llegar (y al irnos), nos esperan 2 mozambicanos, uno arrastrando la silla de ruedas del otro, pidiendo plata.
Ahora a la luz del día se puede apreciar mejor el local. Ubicado sobre la playa y a menos de 40 metros del mar, ofrece una vista magnifica del mismo y de, a lo lejos, el extremo opuesto de la bahía. La construcción de madera y paja le da un aspecto “tropical”.
Pasamos la tarde con Marcela en la playa, y nuevamente se nos acercan pedirnos plata para cuidar el “carro”.
Los vendedores ambulantes venden desde papas “Lay’s” y collares y telas locales hasta cigarrillos y animales.Y por lo que nos informaron, en lo oculto las playas son un gran centro de prostitución y drogas.
2 cocas y un agua grande nos cuestan 100 meticales (aproximadamente 3 dólares).
A las 18:30 vamos a la actividad organizada por el misionero brasileño Williham. La actividad consiste en la proyección de clips musicales en portugués, un mensaje por un pastor brasileño y una película cristiana corta, y una breve explicación de la misma y llamado al arrepentimiento.
Un joven responde y luego de orar por el, Williham asigna a otro a cuidar de él y sostenerlo.
La actividad termina y poco a poco los jóvenes se retiran.
Williham y su esposa nos invitan a cenar a su casa. Y compartimos una cena agradable con ellos y sus dos hijas pequeñas.
Y el musulmán nos vuelve a despertar a las 4 de la mañana

La casa de los Freire en Balama

Día 3
Viaje a Balama. Duermo las primeras 3 horas de viaje hasta el almuerzo. El cansancio por el jet-lag se empieza a sentir.
Esas primeras 3 horas son en ruta asfaltada, la siguiente hora vamos entre tierra apisonada, piedras y parches de asfalto.
Llegamos por la tarde y sin tiempo para poner el cargador solar que nos da la energía eléctrica para cargar notebooks y demás aparatos electrónicos. Apenas nos acomodamos nos vienen a visitar algunos locales. El guarda Zilangalili y Fabián (el jardinero de Prometa, el instituto que trabaja en la traducción de la biblia). Todavía me cuesta mucho hablar el portugués.
Cenamos y nos bañamos usando un poco de la energía eléctrica disponible, y nos vamos a dormir.
Las nubes parecen “scuds” pronosticadoras de mal tiempo continuado.

Preparando el taller de liderazgo

Día 4
Ya acomodados en Balama, planificamos las actividades para las semanas siguientes. Se acerca el tiempo de las lluvias, por lo que los mozambicanos pasan el día preparando sus “mayambas” (granjas) y no tiene sentido planificar muchas actividades o impactos evangelísticos durante la semana. Al menos por ahora, que mi portugués es bastante deficiente y apenas me animo a hablar. Es un poco desmotivador eso.
Aprovechamos el sol para cargar un poco las baterías con el cargador solar. Baterías que nos permiten cargar las notebooks y celulares, y tener al menos un poco de iluminación eléctrica por la noche, que se enciende lo estrictamente necesario.
Un mozambicano de nombre Atanasio se encarga de proveernos de agua para los quehaceres diarios.
Por la mañana llevamos a un chico, hijo de Ali, el guarda de la casa del misionero Brad, al hospital, con un dolor que le impedía caminar.
Se nubla y llueve un poco y guardamos el generador antes de lo previsto (normalmente está afuera de 8 a 14). Ya es inútil por hoy.

Rafiki, Mugabe, y yo

Día 5
Salimos al mercado, donde adquirimos algunos tomates de tamaño reducido, lo mismo que las bananas. Ya no quedan otras variedades de verdura hasta después de las lluvias.
Mientras caminamos nos persiguen los gritos de “¡acuña, acuña!”. Muchos lo traducen como “blanco”, pero en realidad significa “patrón”. Supongo que algún conquistador portugués se llamaría así.
En un puesto “venden” electricidad para cargar los celulares. Es curioso que se vendan celulares, internet 3G y otro avances tecnológicos a gente que no tiene electricidad para usarlos, dinero para mantenerlos, o agua y comida para sobrevivir.
También se venden capulanas, unas telas tradicionales con las que visten las mujeres, y también se usan para hacer vestidos y camisolas, cosas que ya no se usan. Una capulana cuesta 300 meticales, cuando un jean D&G 100. Y multitud de piezas y repuestos para motos y bicicletas, linternar, radios, pilas de calidad dudosa.
A la tarde nos visitan Rafiki y Mugabe. Huérfanos ambos se criaron en el hogar de Orphans Unlimited y allí adoptaron a Alejandro y Silvia como padres, y se adoptaron entre sí como hermanos. Son jóvenes inteligentes, que hablan, además de makua y portugués, un inglés muy correcto aprendido por su cuenta. Lástima que por cuestiones económicas no puedan completar los 2 años que les falta de secundario.
No pudimos sacar el generador y antes de que se hiciera de noche se largó a llover.

La batería donada

Día 6
Amanece nublado y llueve durante todo el día. Y tampoco pudimos cargar las baterías. Si el tiempo no mejora dentro de poco vamos a estar sin energía eléctrica en la casa.
Durante la mañana abrimos la caja con la batería donada por Patricio Rousseau y otros hermanos y amigos.

Linda, la hija de Mugabe, y yo

Día 7
Nuevamente nublado y lluvioso, pero igualmente sacamos el generador en la esperanza de que la resolana permita cargar las baterías al menos.
A la mañana participamos de un devocional con el grupo de pastores que están trabajando en la traducción de la Biblia a las lenguas locales.
A la tarde, visitamos las casas de Rafiki y Mugabe. Ambos pudieron con varios años de trabajo comprar sus terrenos y construir varias casas en ellos que son usadas para vivir y para recibir visitas familiares. Rafiki tiene 2 en su terreno, y Mugabe 3. La mujer de Rafiki está embarazada, y cuando fuimos de visita estaba enferma de malaria. Mugabe tiene una nena que se llama Linda.
Nos visitan luego 2 mujeres a las que vamos a estar capacitando en la enseñanza de la Biblia a los niños.
Al final del día nos vamos a dormir, confiando en que Dios va a proveer el sol necesario para generar la electricidad.

Silvia y el regalo de la iglesia de Villa Sarmiento

Día 8
El sol sigue sin mostrarse.
Todos los días estamos compartiendo devociones juntos, y antes o después cada uno tiene su tiempo a solas con Dios. Siento a Dios más cerca de lo que lo había sentido en mucho tiempo.
A la mañana hago una entrega simbólica de los dibujos y la yerba enviados por los niños de la escuela de dominical de Villa Sarmiento.
Por la tarde vamos, Alejandro y yo, a la actividad de jóvenes, y Silvia tuvo dio la enseñanza para las mujeres.
Los mozambicanos son muy impuntuales, eso habla también de su compromiso con el Señor.
La actividad consiste en algunas canciones en makúa, un momento de oración (acá todos oran juntos al mismo tiempo) y una lección que, supongo que por nuestra presencia, se da en portugués. La lección es buena, presentada por un joven de nombre Manuel, y desafía a los jóvenes a tener un compromiso con el Señor y buscar su guía al momento de buscar pareja. Algo muy necesario en este lugar. Y que siempre es bueno recordar.
El sábado que viene me va a tocar a mí estar en el lugar de Manuel, presentando un taller sobre liderazgo.
Acordamos con el pastor el momento de entregar la batería.
Al anochecer las nubes parecen prometer buen tiempo

Mugabe y su familia, Rafiki, Ale, Silvia, y yo

Día 9
Domingo, el día del Señor.
Asistimos a la escuela dominical, donde se repartieron entre los niños los dibujos y cartas enviados por los niños de la Iglesia de Nueva Chicago.
Durante el culto, Alejandro y yo nos sentamos en la plataforma, de frente al resto de la congregación, junto con Manuel y los pastores.
Como es costumbre, además de la alabanza de la congregaciones hay participaciones de los grupos de madres, jóvenes, etc, del coro de la iglesia y algunas individuales.
En un momento, se hace pasar a todos aquellos que estén pasando por enfermedad o necesidad, y a todos los que estamos sobre la plataforma se nos hace ir y orar uno por uno por esos hermanos. Es un momento un poco incómodo, pero reconozco que si el Señor desea obrar en esas vidas de esa forma, así es como debe hacerse.
El culto se hablá en makúa.
El pastor, y luego Alejandro me presentan. Intento decir algunas palabras, que quedan truncas por mi timidez y temor al hablar en portugués.
Alejandro trae el mensaje, se levantan las ofrendas, y el pastor me pide que ore para cerrar el culto. Oro en español.
Hay una pequeña reunión con los hombres para pedir colaboración en la reparación de la casa pastoral, y luego los bautizados compartimos la Santa Cena. Me llama la atención que seamos tan pocos, y que este momento se haga separados del resto de la congregación.
Al salir, nos apresuramos para poner el panel solar ya que las nubes empiezan a abrirse.
Por la tarde nos visitan para tener la Santa Cena Rafiki, Mugabe y su esposa, ya que en la iglesia a la que ellos asisten, la iglesia Aguas Vivas, no se practica esa ceremonia. Traen con ellos a Linda.
La ceremonia es breve, una oración, algunos coros, un breve mensaje de Alejandro, la lectura de los pasajes y la repartición de los elementos.
Se quedan un rato más. Hablamos de historia, geografía. A Rafiki le gusta mucho leer y aprender. Todo lo que aprende lo comparte con Mugabe, y me sorprende la memoria que tiene para recordar datos. Quiere aprender español, y siempre que puede lee algún libro en ese idioma. Nos cuenta que está aprendiendo de un diccionario inglés-español, y me surge la idea de regalarle uno portugués-español.
Le corrijo algunas palabras de español y de inglés, y él me corrige mi portugués. Y como todos, intenta que aprenda algunas palabras en makúa.
Ya se siente un poco más el calor del sol africano, aunque gracias a Dios por la noche refresca.

Bençoes

R.

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