Encontrando el camino II: El siguiente gran paso

Africa
El continente negro. El continente de los safaris, del Dakar, de la aventura. De la guerra constante. El continente de la muerte, no solo física, que ya es mucha en un lugar donde la mayoría fallece antes de los 20 y casi todos antes de los 40, sino espiritual, en un lugar donde el nombre de Dios es desconocido en la mayor parte del territorio, y donde los encargados de proclamarlo son demasiado pocos. Porque pocos son los que han respondido al llamado.

Y por qué hablo de Africa? Porque yo decidí responder, y decir si.

Porque en 2 semanas voy a estar bajandome del avión en la ciudad de Pemba, Mozambique. Subiendo a una camioneta para una viaje de 6hs al distrito y villa de Balama.

Va a ser una misión corta. 4 semanas en Mozambique, 1 en Sudáfrica. Pero confío y espero Dios use esta experiencia para confirmarme en este camino.

Pero ¿por qué?

Creo en Dios. Creo que yo en mi condición de ser humano, soy pecador y como tal estoy separado de Dios y destinado al juicio y a la condenación eterna. Creo que yo nada puedo hacer para cambiar esta situación, y que por lo tanto Dios envío a su Hijo para que mediante su sacrificio (de recibir el juicio y castigo que nosotros merecemos) todo ser humano pueda ser salvo. He creído y sabido esto desde los 5 años. Basado en esta creencia, ¿no debería hacer yo todo lo que este mismo Dios me pidiera?

Cuando tenía 15 o 16 años tuve un sueño. En ese sueño yo estaba frente a Dios (aunque no lo podía ver, pero sabia que era El), y Dios me reprochaba “Yo solo te pedí que me trajeras a uno”. Una y otra vez Dios me reprochaba, no con enojo, sino con tristeza “Yo solo te pedí que me trajeras a uno”.

Aún no se quien es ese uno a quien El quería que llevase a sus pies. Pero yo lo sentí y crei como un llamado genuino. Que Dios quería usar a un chico tímido a quien la sola idea de hablar con alguien desconocido aterraba, para llevar su Evangelio. Y en este sentir decidí cambiar. Aprender a evangelizar. Forzarme a mi mismo a salir de mi zona de confort. Dios me permitió ser durante un tiempo uno de los líderes del grupo de jóvenes de mi iglesia local. Me permitió viajar en 2 oportunidades a una aldea de Guaraníes para trabajar con ellos. Me permitió conocer a un gran evangelista y ser enseñado por él. Tener una familia, y ahora una novia que me apoyen. Me permite viajar hoy mismo a la Rioja, y en 2 semanas, a Mozambique.
Y son oportunidades que no quiero dejar pasar

R.
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