Y ustedes, ¿por qué no dicen nada?

Todos conocemos la escena. Vamos apurados, en auto, colectivo, caminando, en ese incesante, frenético e insensato transitar por las calles de Buenos Aires. De repente, el tránsito se interrumpe. Suena la campana, las barreras del paso a nivel bajan, y tenemos que esperar. Pero no queremos. Estamos ansiosos por llegar. A algún lado. A ninguna parte. No importa.

El banderillero de turno mira para los dos lados, y levanta manualmente la barrera. Total, falta para que pase el tren. Y si él no está en su puesto, algún conductor temerario hace la maniobra. Si total, no pasa nada. Nadie dice nada, más que alguna mirada cómplice y agradecida. El tránsito sigue, quién sabe hacia dónde. Y la inconsciencia también. Todos aplauden. O conceden. Todos concedemos. Y la escena se repite en cada paso a nivel de la ciudad. En cada semáforo, en cada cruce.

Hasta que ocurre la catástrofe. Un banderillero “considerado”, fuera de su puesto. Un colectivero temerario, personificando el espíritu mismo de la ciudad. Vidas perdidas en un accidente idiota y previsible. Pero del que nadie dijo nada.

Se pierde el tiempo, buscando a los culpables. El banderillero, el colectivero, la línea 92, TBA, el gobierno, la policía. Todos van al banquillo de los acusados. Las acusaciones se entrecruzan, pero falta alguien ahí. Faltas vos. Falto yo.

Viernes 30 de septiembre. Colectivo de la línea 92 circula por Fray Cayetano Rodríguez. Suena la campana, y las barreras del paso a nivel comienzan a bajar. El colectivero pisa el acelerador y cruza antes de que estas bajen. Algunos contenemos el aliento. Otros, ni siquiera prestan atención. Nadie dice nada.

Dobla velozmente a la derecha por Rivadavia, y golpea a una mujer con el costado del vehículo. Y casi pisa a un ciego. Nadie dice nada, salvo un tímido reclamo desde el fondo “estás yendo muy rápido, cruzaste con la barrera baja”.

La mujer se acerca y reclama. El chofer discute con ella, quién en su desesperación reclama al resto del pasaje:

-Y ustedes, ¿por qué no dicen nada?

Yo estaba ahí.

Y tampoco dije nada.

R.

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