Qué quiero de ésta vida

La esperanza de vida promedio para un hombre es de 75 años, o sea 657 mil horas (sin contar años bisiestos). Tengo 21 años, 3 meses, 15 días y 11hs. O sea 184 mil horas (redondeando). Es decir, que me quedan unas 473 mil horas. Cómo administrar ese tiempo es el gran dilema de la vida. Si dedicar ese tiempo a lo que me gusta o a lo que no. A Dios o al egoísmo, A mí mismo o a los demás. Vivir la vida. Escapar a la rutina, y que cada día se presente con un nuevo desafío, una nueva perspectiva, Que cada día sea mejor que el anterior.
En éste momento estoy en un micro, volviendo de una brigada de trabajo en Misiones. Son las 23:37 de un sábado, y todavía me quedan otras 8 hs de viaje, y no puedo dormir. Hay una idea que me perturba.
Desde el punto de vista puramente humano, la brigada fue un fracaso. El trabajo que vinimos a realizar, un tendido eléctrico subterráneo en una comunidad de aborígenes, no pudo ser realizado. Los materiales no llegaron a tiempo. El tiempo fue pésimo y nos impidió realizar otro tipo de tareas. La comunidad no nos dio el apoyo que esperábamos y necesitábamos, no para nosotros, sino para su beneficio.
Un fracaso.
Sin embargo, vuelvo contento. No contento por volver, ya que si fuera posible, me quedaría aún más, con el grupo que en éste mismo momento se dirige a Misiones, a tomar la posta dejada por nosotros. Sino contento porque sé, con total seguridad, que a pesar de los contratiempos, de las angustias y de los dolores de cabeza, éste viaje no fue en vano. Contento por tener la certeza de que Dios no hace nada en vano, que Él no juega con sus hijos, y que cuando Él pone en el corazón de sus hijos el deseo de servirle, la obediencia es lo único que tiene valor. No los resultados humanos. Si Dios te lleva a un lugar, no es para que pierdas el tiempo o sufras. Es porque quiere que aprendas.
A nivel personal, no puedo creerlo mucho que Dios pudo enseñarme en una sola semana dedicada a Él. Aprender que Él es el único que tiene el control. Que no importa lo que nosotros queramos o creamos que es lo mejor, sino que si Él quiere que se haga determinada cosa, eso es exactamente lo que se va a hacer. Aprender a amar a un grupo de hermanos en Cristo, ahora amigos por Cristo, tan diferentes entre sí y con uno, pero a la vez con un corazón tan parecido en su deseo de servir al Señor. Aprender las mañas de cada uno, y aprender a aceptarlas y amarlos por sobre esas cosas. Encontrar un oído atento, capaz de escucharte sin juzgarte, aconsejarte sin presionarte, amarte sin esperar nada a cambio. Aprender a ponerse en el lugar del otro, entenderlo y aceptarlo pese a todo.
Si tuviera que elegir una sola cosa que llevarme de ésta experiencia, ésta aventura, sería el amor. El amor de Dios por encima de todas las cosas. El amor de 8 personas, 8 hermanos, 8 amigos, 8 “capos”. 8 personas maravillosas con las que el Señor, en su Gracia y por su Gracia, me permitió compartir una semana de convivencia.
Sin embargo, aunque estoy contento por lo vivido, estoy deprimido por lo que viene. Esperando el micro en la terminal de Capioví, empecé a deprimirme. Depresión post-campamento la llamo yo. Y empecé a preguntarme si eso, que es normal, estaba bien. ¿Por qué mi vida “normal” tiene que deprimirme? ¿Por qué no puede ser tan desafiante, tan rica en experiencias, como los últimos 7 días? ¿Es esto lo que quiere Dios para mí? ¿Llenarme de esperanza, de alegría por el simple hecho de vivir, gratitud para cada segundo que puedo compartir con Él y sus amados, para luego arrojarme a la rutina de los quehaceres diarios? ¿Es eso la vida, añorar la Gracia pasada, y mirar al futuro sin esperanza? No, no creo que sea eso, no quiero que sea eso. Entonces ¿qué es lo que me falta? Tengo trabajo, estudio, estoy sano, tengo una familia, amigos y soy líder en mi grupo de jóvenes ¿Qué falta?
Dios es Grande. Viene a mi mente un pasaje que leí hace menos de 2 días, cuando me tocó tener un devocional
1 Corintios 13
1 Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido.2 Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada.3 Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso.
4 El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso.5 No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.6 El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad.7 Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
8 El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá.9 Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta;10 pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá.11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño.12 Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido.
13 Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.
Más claro no podría ser. No importa lo que tenga, no importa lo que haga, si no tengo amor, de nada sirve. Si no puedo amar a mi trabajo, y realizarlo con amor, jamás voy a poder encontrar satisfacción en él. Si no puedo amar lo que estudio, cada momento va a ser una tortura. Si no puedo amar a mi grupo de amigos, a mi familia y a mi grupo de jóvenes, no voy a poder relacionarme plenamente con ellos.
En algún momento de mi vida, me gustaría ponerme de novio y casarme ¿Cómo podría hacerlo, sin la capacidad de amar? ¿Y cómo podría servir al Señor y a los demás sin amor? ¿Y cómo podría tener relaciones sanas con la gente que me rodea, si no puedo amarlos verdaderamente.?
Titulé ésta nota “Qué quiero de ésta vida”, sin saber a dónde me llevaría esa pregunta, el derrotero de mis pensamientos. Y mi respuesta es ésta: quiero poder vivir, cada día, con un poco más de amor, y poder vivir por anticipado un poco de “esa historia que aún no fue escrita, la historia de la que está vida es sólo la tapa y el título, la Gran historia, que nadie ha leído, que nunca se acaba. Y en la cual cada capítulo es mejor que el anterior.”*
R.
*. Extraído del último párrafo del libro “Las crónicas de Narnia: La última Batalla”, por C. S. Lewis.

—-

Dedico ésta nota en primer lugar a Dios, por darme la oportunidad de disfrutar ésta experiencia, por enseñarme, guiarme, darme fuerzas y ayudarme a cada momento. A Carlos Alí, porque a pesar de su edad estuvo con nosotros a cada momento, enseñandonos con su ejemplo además de con su palabra. A Anna Tchijova, Igor Charkowy, Marcos Águila, Daniel Rocha, Gerardo Pagoto, Andrés Bedrossian y María Clara Segura, por ser tan grosos, por aguantarme y por cada segundo vivido con ellos. Son unos capos. Los amo.

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4 thoughts on “Qué quiero de ésta vida

  1. Excelentes reflexion, me alegro muchisimo que tengas la capacidad de hacerlas, y el deseo de que te acompañen a lo largo de tu historia. Te copio una frase de C.S. Lewis que me parece acertada
    “But how can the characters in a play guess the plot? We are not the playwright, we are not the producer, we are not even the audience. We are on the stage. To play well the scenes in which we are “on” concerns us much more than to guess about the scenes that follow it.” C.S. Lewis, The World’s Last Night

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