No llores si me amas – San Agustín

No llores si me amas.

¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo!

¡Si pudieras oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos!

¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso!

¡Si por un instante pudieras contemplar, como yo, la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!

¡Cómo! ¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades?

Creéme: cuando la muerte venga a romper las ligaduras, como ha roto las que a mí me encadenaban, y cuando el día, que Dios ha fijado y conoce, y tu alma venga a este Cielo en el que te ha precedido la mía, ese día volveras a verme. Sentirás que te sigo amando, que te amé, y encontrarás mi corazón con todas sus ternuras purificadas.

Volverás a verme, en transfiguración, en éxtasis feliz.

Ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo, que me llevarás de la mano por los senderos nuevos de la luz y de la vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.

Enjuga tu llanto y no llores si me amas.

Pensamientos sobre el aborto y su despenalización

En primer lugar quiero aclarar desde qué posición escribo esta entrada. No soy médico, ni psicólogo, ni abogado ni una autoridad religiosa ni de ninguna índole. No soy mujer, así que no puedo hablar por los sentimientos de ellas frente a este tema. No soy padre, así que no sé qué se siente tener un hijo.

Soy una persona normal. Tengo mi propio juego de creencias y valores morales que me guían en mi visión del mundo y en mi toma de decisiones. Elementos que en general respeto, pero a veces traiciono. Elementos que muchas veces me resultan insuficientes para evaluar ciertos temas, como el que hoy nos toca.

Soy cristiano. Creo en un Dios Todopoderoso autor del universo (aunque no creo en el Génesis como proceso creador) que ama al hombre y que le dejó una serie de instrucciones sobre como disfrutar la vida plenamente con Él.

Creo en el respeto de la vida en todas sus formas, incluso siendo yo mismo cómplice de la muerte de miles de animales cada año.

Basado en esa simple premisa, no puedo aceptar el aborto como algo bueno. Está mal. Es asesinato.

El niño no-nato ES una persona. Incluso cuando recién se ha producido la concepción, cuando sus partes no están diferenciadas, es un ser vivo, un humano, una persona. La ley argentina lo entiende así. La ciencia lo entiende así. Y mi fe, también.

Y si alguien lee mi blog, seguramente me preguntará, o pensará en preguntarme cosas como las siguientes:

  • ¿Y qué hay de las mujeres violadas, por qué tienen ellas que cargar durante 9 meses el producto de un acto tan aberrante como una violación?
  • ¿Y si encima esas mujeres eran dementes, o idiotas, o discapacitadas?
  • ¿Y si la mujer no quiere tener al hijo, no tiene ella derecho a decidir sobre su propio cuerpo?
  • ¿Y si el niño va a nacer con un defecto terminal, no es mejor que muera antes de nacer?
  • ¿Y si la familia no le puede dar una vida digna, no es mejor abortarlo que que nazca en un ambiente inhumano o que termine en un orfanato?

Y mi respuesta es simple: No lo sé.

No creo que ni yo, ni nadie, puedan tener una respuesta objetiva sobre estos temas. Por supuesto que podría decir, objetivamente, que una mujer violada debería, al menos, dar a luz el producto de su violación y en última instancia darlo en adopción. Y que eso la convertiría en una heroína a mis ojos. Pero ¿si esa mujer fuera mi hermana? ¿o mi novia? ¿Tendría el valor de decirle “tenés que cargar durante 9 meses el recordatorio de la peor experiencia de tu vida”? No lo sé. No lo creo.

No lo sé.

Pero hay algo que sí sé.

Que el hecho de legalizar el aborto no va a solucionar las causas de los embarazos no deseados. Sólo va a mitigar, quizás, sus efectos. Y eso cambiándolos por otros tan terribles, aunque menos visibles. Después de todo, nadie ve el sufrimiento de un feto.

Legalizar el aborto no va a hacer que haya menos violaciones. O que las personas reciban la suficiente educación sexual como para evitar los embarazos no deseados. O que chicos sean a abandonados en hogares.

Sólo eliminar las consecuencias.

Y esta es mi predicción de lo que va a pasar una vez que se legalice el aborto: nada. Nada va a cambiar. Tal vez nos volvamos un poco más egoístas. E irresponsables. Y tal vez dejemos un precedente sobre el poco valor que le damos a la vida.

Pero nada más

¿Sean felices?

 

R.

El adiós a Steve Jobs

La muerte de Steve Jobs me generó emociones encontradas. No estoy seguro si es tristeza o qué, pero sí que algo en mi ser se apena por su partida. No se trata del sentimiento que tenemos todos ante la muerte, el desasosiego de la pérdida y cómo esta afecta a nuestro mundo y como lo concebimos. O sí.

No me considero un maquero (o fanboy), aunque tengo una Mac.

Fui linuxero, y renegué de Apple y sus políticas cerradas.

Hasta que tuve una Mac. La cual lleva meses de estar prendida y sigue funcionando como el primer día. La cual me proporcionó una experiencia del usuario, y un acceso a la tecnología, impecables desde el primer momento.

No se si Jobs era una buena o mala persona. Sé que cambió el mundo.

Leo en el blog de Berto Pena la siguiente frase: “Creo que lo mejor que se puede decir de una persona es que si no hubiera existido el mundo hubiera sido peor”.

Jobs lo logró. Sin su existencia, el mundo hubiera sido peor.

Y por eso se lo recuerda. Y por eso fue un genio.

Sean felices

 

R.

Y ustedes, ¿por qué no dicen nada?

Todos conocemos la escena. Vamos apurados, en auto, colectivo, caminando, en ese incesante, frenético e insensato transitar por las calles de Buenos Aires. De repente, el tránsito se interrumpe. Suena la campana, las barreras del paso a nivel bajan, y tenemos que esperar. Pero no queremos. Estamos ansiosos por llegar. A algún lado. A ninguna parte. No importa.

El banderillero de turno mira para los dos lados, y levanta manualmente la barrera. Total, falta para que pase el tren. Y si él no está en su puesto, algún conductor temerario hace la maniobra. Si total, no pasa nada. Nadie dice nada, más que alguna mirada cómplice y agradecida. El tránsito sigue, quién sabe hacia dónde. Y la inconsciencia también. Todos aplauden. O conceden. Todos concedemos. Y la escena se repite en cada paso a nivel de la ciudad. En cada semáforo, en cada cruce.

Hasta que ocurre la catástrofe. Un banderillero “considerado”, fuera de su puesto. Un colectivero temerario, personificando el espíritu mismo de la ciudad. Vidas perdidas en un accidente idiota y previsible. Pero del que nadie dijo nada.

Se pierde el tiempo, buscando a los culpables. El banderillero, el colectivero, la línea 92, TBA, el gobierno, la policía. Todos van al banquillo de los acusados. Las acusaciones se entrecruzan, pero falta alguien ahí. Faltas vos. Falto yo.

Viernes 30 de septiembre. Colectivo de la línea 92 circula por Fray Cayetano Rodríguez. Suena la campana, y las barreras del paso a nivel comienzan a bajar. El colectivero pisa el acelerador y cruza antes de que estas bajen. Algunos contenemos el aliento. Otros, ni siquiera prestan atención. Nadie dice nada.

Dobla velozmente a la derecha por Rivadavia, y golpea a una mujer con el costado del vehículo. Y casi pisa a un ciego. Nadie dice nada, salvo un tímido reclamo desde el fondo “estás yendo muy rápido, cruzaste con la barrera baja”.

La mujer se acerca y reclama. El chofer discute con ella, quién en su desesperación reclama al resto del pasaje:

-Y ustedes, ¿por qué no dicen nada?

Yo estaba ahí.

Y tampoco dije nada.

R.